martes, febrero 21, 2006

Un amor incansable

Las casas de los japoneses tienen, normalmente, un
espacio hueco entre las paredes de madera.
 
Mientras esta persona echaba abajo los muros de su
casa, se dio cuenta de que allí había una lagartija
inmóvil, porque  un clavo, desde fuera, le había
atravesado una de sus patitas y la había hecho
permanecer fija en la pared.
 
El dueño de la casa, viendo ésto, sintió, al mismo
tiempo, piedad y curiosidad. Cuando estudió el clavo,
quedó  pensativo... El clavo había sido clavado hacía
diez años, cuando la casa fue construida.
 
¿Qué habría ocurrido entonces?
 
¡La lagartija había sobrevivido en esa posición
durante diez años! ¡En un oscuro muro en esa posición
durante diez  años sin moverse! ¡Es imposible,
inimaginable!
 
Entonces, aquella persona se preguntó cómo esta
lagartija habría podido sobrevivir durante diez años
sin dar un solo  paso ¡si desde entonces su patita
estaba clavada allí!
 
Así que, paró de trabajar y observó a la lagartija,
preguntándose qué podría haber hecho, y cómo ella
habría conseguido alimentarse.
 
Más tarde, sin saber de dónde venía, apareció otra
lagartija, con alimento en su boca.
 
¡¡Ahhh!! Quedó aturdido y emocionado al mismo tiempo.
¡Otra lagartija había estado alimentando durante diez
años a la  lagartija que permanecía clavada en la
pared...!
 
¡Tanto amor, un amor tan precioso!
 
Tanto amor ha tenido esta pequeña criatura...
 
¿Qué no puede lograr el amor?
 
¡Puede hacer maravillas!
 
¡El amor puede hacer milagros!
 
En ese mismo instante, cayó en la cuenta; una
lagartija fue alimentada por otra, incansablemente,
durante diez largos  años, sin perder la esperanza en
su compañera.
 
Si una criatura tan pequeña como una lagartija puede
amar así...
 
¡¡Imagina cómo podemos nosotros amar si lo
intentamos!!

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